Las 4 actitudes de los candidatos que más incomodan a los reclutadores

Los expertos nos cuentan cuáles son los comportamientos que realmente sacan a los reclutadores de quicio.

Muchos candidatos llegen nerviosos, afligidos y angustiados a las entrevistas de trabajo. Es comprensible, pero todo este estrés es más nocivo de lo que parece.

Luis Fernando Martins, director de la consultora de reclutamiento Hays Response, comenta que la urgencia en conseguir un reemplazo, irónicamente, hace que mucha gente presente comportamientos que terminan por alejar las oportunidades.

En dosis excesivas, la ansiedad llama demasiado la atención, acentúa los defectos e impide la espontaneidad de la conversación; además puede evitar que el candidato muestre su verdadero potencial durante la entrevista.

Pero, ¿cuáles actitudes deben ser evitadas a toda costa? Aquí te presentamos una lista con las principales:

1. No soltar el celular

Parece surrealista, pero hasta las personas que están en necesidad urgente de trabajo no pueden abandonar su smartphone durante la entrevista de trabajo. A veces el apego a la pantalla chica es sutil: el candidato sólo mira rápidamente si hay alguna notificación entre una frase y otra. Parece poco, pero es suficiente para sugerir al reclutador que no está tan interesado en la oportunidad.

«La impresión que queda para nosotros es la de superficialidad, aunque muchas veces el gesto sea irracional, automático, conectado a una necesidad cada vez mayor de estar conectado todo el tiempo», dice Martins. «Es lamentable, porque las personas están dejando de vivir el momento presente y pierden oportunidades de relación».

Para cautivar al entrevistador, el consejo del especialista es dedicar toda su atención a él mientras dure la conversación. Si tienes algún problema personal en aquel día, puedes explicar de antemano que tal vez tengas que atender una llamada urgente en medio de la entrevista. De lo contrario tu smartphone debe estar bien guardado y en modo de avión.

2. Exagerar en tu descripción

Es obvio que todo candidato tratará de «venderse» en una entrevista de trabajo. Pero hay varias maneras de hacer esto — y la práctica del autoelogio no es la mejor de ellas. Es agotador cuando un profesional adopta un tono muy narcisista en la conversación, diciendo que es muy competente y que todos los resultados son exclusivamente por mérito propio.

El principio es el mismo que vale para los CV cuando el candidato se define como una persona perseverante, creativa, dedicada y carismática, en realidad está diciendo que es un individuo arrogante, prepotente e ingenuo.

Además de ineficaz, el elogio al propio comportamiento no convence a nadie. «El reclutador cree en quien se puede promover de forma inteligente, con base en ejemplos e historias reales, que hagan al otro sacar sus propias conclusiones acerca de su talento», dice la gerente de Produtive.

3. No avisar que te vas a retrasar

Como podrás imaginarte, la falta de puntualidad no se lleva nada bien con los procesos selectivos. Los imprevistos son parte del día a día, pero es obligatorio avisar que vas a llegar tarde en caso de ser sorprendido por un embotellamiento, por ejemplo.

Lo mejor, claro, es evitar la demora. Aunque el día parezca tranquilo, sin tráfico o pronóstico de lluvia, sal con antelación para llegar por lo menos 15 minutos antes de lo que sería necesario. Además de evitar el problema en sí, esto hará que tengas tiempo para relajarte un poco antes de entrar en la sala de la entrevista.

Si esto sucede, es importante llamar al reclutador. Además de explicar claramente el motivo del retraso, es bueno dar una estimación de cuánto tiempo necesitarás para llegar. «Si te retrasas sin avisar, la impresión que queda es que la persona no tiene una buena planificación y, principalmente, que no tiene interés en la vacante», dice Martins.

4. Hablar de más (o de menos)

El nerviosismo a veces se manifiesta de maneras opuestas, pero igualmente incómodas: la persona se convierte en una verborragia, dando detalles innecesarios sobre su trayectoria, o se comporta de forma lacónica, exigiendo que el otro tenga que extraer información a cuenta gotas.

En el primer caso, la situación se vuelve aún peor si la charla incluye mentiras. Algunos candidatos «aumentan» cierta información sobre sí mismos: afirmando que concluyeron cursos que sólo fueron iniciados, defendiendo tener un inglés fluido cuando dominan sólo lo básico y exagerando el tamaño y la importancia de los trabajos realizados y obtenidos.

El detalle es que todos estos datos pueden ser corroborados por el entrevistador (y muchas veces lo son). «A veces preguntamos al candidato cuál fue el motivo de un despido, incluso cuando ya sabemos la historia», dice Martins. «Cuando las versiones son diferentes, hay una sensación de desconfianza».

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